En muchas ocasiones, grandes artistas han permanecido casi en el anonimato para el gran público. Uno de ellos fue el músico Jerry Livingston. Ha pasado a la historia por ser el autor de canciones memorables como A dream is a wish you heart makes (Cinderella), The ballad of Cat Ballou (Cat Ballou) y, en especial, The hanging tree, con letra de Mack David. Esta última es el tema principal de la película del mismo título (en español El árbol del ahorcado), dirigida por Delmer Daves y Karl Malden, y protagonizada por Gary Cooper.
El score original fue compuesto por Max Steiner (entre Marjorie Morningstar y John Paul Jones), quien, como suele ser habitual en todas sus partituras, creó una obra de imponente sinfonismo en la que dejó un tanto de lado el estilo característico de los westerns para centrarse en temas más moderados. De hecho, The hanging tree no es una banda sonora que recurra a los tópicos, sino que profundiza en el carisma de la canción de Livingston y David, desarrollándola en incesantes variaciones cuya elegancia acentúa el poder de las imágenes.
The informer (El delator) fue el primer Oscar de los tres que recibió Max Steiner. Los otros dos correspondieron a Now voyager y Since you went away, siendo además nominado en 18 ocasiones. La película dirigida por John Ford permanece hoy en día como uno de los retratos más intensos sobre la situación política y social a principios del siglo XX en Irlanda.
Steiner, cuyas bandas sonoras Bird of paradise, King Kong y Little women le empezaban a situar como el compositor más importante en el Hollywood de los años 30 (pese a los continuos 'desplantes' de los productores al no acreditarle en muchas de sus creaciones), compuso un score que combinaba los aires folclóricos con los melodramáticos de una manera muy sutil, en un alarde de adaptación orquestal que marcaría su estilo desde entonces.
Con The informer, editada oficialmente en 2002 por el sello BYU (Brigham Young University) junto a otros scores como Cimarron, Bird of paradise o The lost patrol, Steiner demostró el poder de la música original dentro del cine, que debía afianzarse como uno de sus principales pilares. Poco a poco, lo académico en su sentido más sinfónico empezó a desbancar a lo diegético, y The informer fue uno de los scores que mostraban hasta qué punto la música podía profundizar en la historia de un filme, casi como si se tratase de un personaje más.
Orquestadores: Maurice de Packh & Bernhard Kaun (no acreditados).
Compuesta entre Johnny Belinda y The decision of Christopher Blake, Adventures of Don Juan (El burlador de Castilla) resulta una de las bandas sonoras más emblemáticas de Max Steiner. En ella el maestro austriaco vuelve a dar rienda suelta a su pasión por las partituras ampulosas y llenas de colorido sinfónico, tan del gusto del Hollywood de la época dorada (desde los años 30 hasta principios de los 60). Para la simpática película dirigida por Vincent Sherman, que constituye uno de los últimos éxitos del aventurero Errol Flynn, Steiner recrea la España barroca del siglo XVII a través de melodías más cercanas al estilo Korngold que a la tradición peninsular, aunque siempre teniendo en cuenta la simbología de la música ibérica.
Adventures of Don Juan se abre con un Main title heroico y radiante al que le sigue toda una sucesión de temas vibrantes (Final scene) no exentos del oportuno toque sentimental (Don Juan and the queen).
En el año 2000 el sello Brigham Young publicó el score completo original (más de 70 minutos), aunque la Suite de Charles Gerhardt para su serie Classic Film Scores es la que más fresca permanece en la memoria de todo aficionado a la música de cine clásica. Dicha adaptación es la que podéis escuchar en el archivo de audio.
Beyond the forest (Más allá del bosque) fue uno de los melodramas clásicos de la Warner, vehículo cinematográfico a mayor gloria de una de sus más importantes estrellas, Bette Davis, secundada en este caso por el siempre comedido Joseph Cotten, y dirigidos por un genio llamado King Vidor (The big parade, Duel in the sun, War and peace).
Para la escritura del score se contó, como cabeza de filas de la productora, con otro genio, el austriaco Max Steiner, quien firmó, una vez más, una partitura intensa que acentuaba el componente melodramático típico de las películas de la época.
Steiner siempre ha sido un autor de enorme profesionalidad. En sus cerca de 250 bandas sonoras compuestas desde 1916 hasta 1965, trazó un recorrido musical en el que daba prioridad al estilo académico inspirado en el clasicismo de compositores como Richard Wagner o Gustav Mahler, y en el que el empleo de un leitmotiv central condicionaba toda la elaboración del score. En el caso de Beyond the forest, parte del tradicional Main title, que englobaba casi todo el carácter melódico de la obra, para desarrollar una música de innegable fuerza y elegancia.
Indicar finalmente que, como gran parte de sus bandas sonoras, aún no se ha editado a día de hoy el CD de la misma.
Una de las bandas sonoras más míticas de la historia del cine es The Caine mutiny (El motín del Caine), escrita en 1955 por el vienés Max Steiner. Y lo es, en el fondo, por su carácter de rareza entre los aficionados. Aún sin editar oficialmente, se trata de un score marcial que parece no querer evitar en su casi totalidad ese tono militar en el que una marcha principal sirve de nexo de unión entre los temas incidentales.
Steiner fue un maestro del detalle, sobre todo en la acentuación de los momentos más románticos y los más melodramáticos, en los que daba rienda suelta a su conocido estilo enfático que tanto marcó al Hollywood dorado de los años 40 y 50.
The Caine mutiny narra el incidente durante la Segunda Guerra Mundial a bordo de un dragaminas de la Marina estadounidense, centrado en el amotinamiento de dos oficiales al considerar que su capitán actuaba reiteradamente de manera incompetente. Steiner no duda, en la primera parte de la banda sonora, en enfatizar lo bélico a través de la reiteración de la marcha principal, como obviando el drama posterior. Pero a medida que la acción anuncia el conflicto, el músico austriaco se decanta por la escritura de una partitura mucho más densa en la que predomina el componente dramático.
Marjorie Morningstares uno de los scores más sobresalientes de uno de los maestros de la música de cine: Max Steiner. Es una banda sonora realmente brillante por su frescura y capacidad de seducción; sin embargo, no esperéis el conocido estilo Steiner de grandiosidad y clasicismo, sino más bien un gran fresco musical donde tienen cabida multitud de géneros, en especial un swing vibrantemente sinfónico. Screen Archives presentó en abril de 2006 la grabación completa que incluye diversos temas compuestos por otro gran artista: Ray Heindorf.
En el archivo podréis disfrutar precisamente de uno de esos cortes donde Heindorf dibuja a la perfección la ambientación urbana tantas veces escuchada en las películas de los años 50 (en particular en la mayoría de los musicales). En cuanto al segundo, es obra de Steiner y en él recrea con inconfundible prestancia el universo romántico del filme en una sublime adaptación de la canción de Sammy Fain. A escuchar una y otra vez.
Max Steiner ha sido desde siempre el máximo representante del llamado 'sonido Hollywood', caracterizado por su clasicismo enérgico de clara inspiración romántica, aunque sin evitar influencias más contemporáneas de compositores como Strauss o Prokofiev. Sin embargo, las creaciones de Steiner parecían tener ese don tan especial que poseen los artistas creadores de un estilo en apariencia similar a otros pero, en el fondo, de fuerte personalidad estilística.
Su ingente producción, superior a las 250 bandas sonoras, no es sinónimo de reiteración, pues prácticamente todas sus partituras tienen el carácter y la originalidad suficientes como para ser estudiadas y respetadas individualmente. Muy pocos compositores poseen dicha virtud.
En el caso particular de The treasure of the Sierra Madre (El tesoro de Sierra Madre), Steiner volvió a tener entre sus manos un material cinematográfico de indudable calidad. La soberbia película dirigida por John Huston y protagonizada por Humphrey Bogart y Walter Huston, es un modelo de cine intachable. El score de Steiner se centra en lo tradicional de la música mejicana, pero adornándolo con su inconfundible estilo lleno de expresividad sinfónica, con una temática alejada de lo redundante y describiendo a los personajes como si cada una de las notas formara parte del propio guión.
The searchers (Centauros del desierto) es una de las grandes obras maestras de la historia del cine. Steven Spielberg llegó a afirmar en una entrevista que era la mejor película jamás realizada. Lo que no cabe duda es que el filme del maestro John Ford es mucho más que una película de género.
En cuanto a la música, Max Steiner, el camaleón de la Warner Bros., fue el encargado de componer la partitura y para la ocasión no quiso dejar de lado las melodías tan afines al gusto de Ford en las que predominaba el componente tradicional folk. Sin embargo, el artista austriaco no se limitó, como en otras producciones de John Ford, ha subrayar superficial e ingenuamente las imágenes, sino a dar aún más énfasis al componente dramático de la historia.
Es un score poderoso en el que Steiner parte de un tema central de apariencia sencilla para ofrecer a continuación todo un concierto sinfónico repleto de momentos inolvidables gracias a su temática entre afligida y trágica.
En 1959 Max Steiner era para muchos el compositor por excelencia en Hollywood. Ya contaba por aquel entonces con más de 70 años y aún seguía componiendo partituras plenas de brillantez y frescura. De hecho, su obra siempre se ha caracterizado por ser lúcida en lo melódico y abiertamente tradicional en lo descriptivo. Para Steiner la música debía ser interpretada con enérgica intensidad, otorgando especial protagonismo a la percusión y al metal, y dando con ello un nuevo rumbo a la música en la época dorada de Hollywood.
Para el filme de aventuras John Paul Jones, protagonizado con vigor por un jovencísimo Robert Stack, el músico de origen austriaco no traicionó su sentido de lo épico y compuso un score en el que el tema central domina con prestancia la banda sonora, pero secundado por melodías de carácter que subrayan las andanzas legendarias de un héroe de la historia norteamericana, aunque a medio camino entre lo bélico y lo romántico.
La filmografía del compositor austriaco Max Steiner impresiona: más de 250 bandas sonoras entre cine y televisión. Cualquier aficionado afirmaría sin dudar que es uno de los grandes. Todas (o casi todas para ser justos) de sus creaciones son dignas de ser escuchadas y disfrutadas en salas de concierto, y aunque su estilo bebe directamente de fuentes ya consagradas, es innegable su talento a la hora de acentuar el poder de las imágenes de una película.
En su haber hay tres Oscar (The informer, Now voyager y Since you went away), y sorprendentemente su obra maestra, Gone with the wind (Lo que el viento se llevó), no consiguió tal galardón (uno más de los disparates de la Academia de Hollywood).
Tal y como reflejé cuando hablé de Vertigo de Bernard Herrmann, Gone with the wind es más que una banda sonora. Posiblemente se sitúe entre las cinco mejores de todos los tiempos.
Su academicismo sin exageraciones retóricas superficiales, su poderoso sentido de lo melódico, su ejemplar incidentalidad o su majestuosa orquestación (basta mirar sus orquestadores) son algunas de las características que hacen del score de Steiner único en su género, preámbulo de una época en la que la música de cine parecía no tener más que luces.
Reseñar finalmente que en la elaboración de la música también intervinieron Adolph Deutsch, Hugo Friedhofer, Franz Waxman y Heinz Roemheld.
Orquestación: R. H. Bassett, Maurice de Packh, Adolph Deutsch, Hugo Friedhofer y Bernhard Kaun.