En 18 ocasiones Jerry Goldsmith fue nominado al Oscar y, por increíble o injusto que parezca, sólo recibió un premio de la Academia, el que le fue concedido en la ceremonia de 1977 por La profecía (The omen, 1976). Su score se sustenta en los firmes pilares de la célebre canción Ave Satani (única de sus múltiples y maravillosas canciones nominada por el "olvidadizo" tío Oscar), sombría y siniestra melodía que es secundada por otras piezas corales cuya apariencia amenazadora sumerge al espectador, y al oyente, en un constante estado de turbación. En realidad, La profecía es una pieza sinfónica aviesa que sólo en contadas (y familiares) ocasiones abandona su aspecto sobrecogedor ('The new ambassador'), como en una especie de guiño que busca la complicidad.
El cine de terror siempre ha resultado más efectivo sugiriendo que mostrando. Goldsmith también se decanta en sus escasas incursiones en el género (El otro, La reencarnación de Peter Proud, Poltergeist, Leviathan) por no aturdir mediante estridencias superficiales que resulten obvias o manifiestamente pueriles. Con La profecía firma un score imprescindible por su carácter modélico, pero, en especial, por su capacidad de adaptarse como un áspero e incómodo guante a la historia de la película.
Jerry Goldsmith siempre se ha movido como pez en el agua dentro de todo tipo de géneros cinematográficos. De hecho, su espíritu camaleónico, como así lo tildaba su buen amigo John Williams, hizo de él un compositor de increíble precisión, aunando talento melódico y rigor argumental. Sus incursiones en el cine de ciencia-ficción conforman algunos de los trabajos musicales más importantes de la historia del séptimo arte. El planeta de los simios, El hombre ilustrado, La fuga de Logan, Capricornio Uno, Atmósfera Cero, Star Trek-La película, Exploradores o, sobre todo, Alien-El octavo pasajero (Alien, 1979) son scores cuya perfección es modelo para cualquier músico actual.
La película de Ridley Scott, segunda en su fructífera e irregular filmografía, es un hito del cine de terror y ciencia-ficción. Posiblemente nos encontramos ante la obra definitiva de ambos géneros, y el score del maestro angelino refuerza con su energía y presencia inquietante su estatus de filme incunable. De hecho, su composición bien podría ser considerada como el noveno pasajero, pues describe con insólita profesionalidad la atmósfera perturbadora y agobiante en la que nos sumerge Scott. Aunque Goldsmith realizó un trabajo insuperable (inspirado en la tradición atonal clásica europea), en especial en el subrayado argumental y en la descripción de caracteres, durante el proceso de posproducción el montador Terry Rawlings sustituyó en su montaje gran parte de la partitura original por piezas como la Segunda Sinfonía (The Romantic) de Howard Hanson o temas del propio Goldsmith para su banda sonora Freud, pasión secreta, que había utilizado como 'temp track' y que, por desgracia, acabaron imponiéndose, muy a pesar del propio autor, a la obra original.
La relación del maestro Jerry Goldsmith con la ciencia-ficción se remonta a 1960 con siete episodios de la emblemática serie televisiva La dimensión desconocida (The twilight zone), perfecto campo de pruebas que le permitirá curtirse como compositor. Con posterioridad llegarían proyectos mucho más ambiciosos como Estación 3 ultrasecreta, El planeta de los simios, El hombre ilustrado o La fuga de Logan. En 1979 escribiría dos de sus trabajos más significativos dentro del género: Alien, el octavo pasajero y Star Trek: La película (Star Trek: The motion picture). Este último es su segunda colaboración con el prestigioso director Robert Wise tras El Yang-Tsé en llamas en 1966. La película supone un intento por parte de la productora Paramount, y en particular del creador de la serie televisiva original de finales de los años 60 (1966-1969), Gene Roddenberry, de seguir la estela del éxito de La guerra de las galaxias. De esta manera, Jerry Goldsmith se decantó por una creación abiertamente sinfónica en la que prioriza los temas de gran vigor tonal, en especial el celebérrimo 'Main title', una fanfarria deudora del más puro estilo Korngold y, cómo no, Williams. Pero el genio angelino no se conforma con una sucesión de simples y previsibles variaciones sobre dicho tema, sino que nos invita a un festival de melodías cercanas a lo sublime ('Ilya's theme', 'The Enterprise', 'The cloud', 'Klingon battle') que ya son, hoy en día, historia viva de la música de cine.
Orquestadores: Arthur Morton, Fred Steiner y Alexander Courage.
Desde su más que merecido Oscar recibido en 1977 por La profecía, la carrera de Jerry Goldsmith inició un periodo de esplendor de más de una década en la que brillaron partituras tan emblemáticas como La isla del adiós, Capricornio Uno, Los niños del Brasil, Alien, Star Trek, Poltergeist, En los límites de la realidad, Gremlins, Exploradores, Legend, Hoosiers o Lionheart. Fue un periodo de increíble creatividad que para siempre permanecerá en la historia del séptimo arte como una etapa dorada de la música cinematográfica. En medio de este primoroso ciclo se sitúa el intenso aunque irregular melodrama político dirigido en 1983 por Roger Spottiswoode Bajo el fuego (Under fire). Amparándose en los más obvios ritmos de la música tradicional hipotéticamente centroamericana, pero en el fondo en melodías poco rigurosas que sitúan la flauta de pan como instrumento nicaragüense cuando lo es en realidad de la región de los Andes, Goldsmith desarrolla un score que combina con mayor o menor éxito los sonidos experimentales electrónicos y los orquestales. Sin embargo, la belleza de un tema principal inspirado (muy probablemente de manera inconsciente) en las obras para guitarra y orquesta de autores como García Abril o Rodrigo, auténtico protagonista de la obra, ha hecho de Bajo el fuego una banda sonora cuyos altibajos se quedan en el olvido gracias a la grandeza de dicha melodía. La sentida interpretación además del guitarrista Pat Metheny aporta al score una mayor sensibilidad, que culmina con el emotivo himno a Nicaragua, corte final que simboliza la grandeza de un país sumido en el dolor pero siempre en busca de la esperanza.
Jerry
GoldsmithyFranklin J. Schaffner, o lo que es lo mismo, 24 años de enriquecedora
asociación entre dos grandes creadores, desde 1963 con The stripper hasta 1987 conLionheart. Entre medias,
algunas de las películas y algunos de los scores más memorables de la historia
del cine, comoEl planeta de los simios, Patton oPapillon. El primero de los citados, escrito en una etapa en la Goldsmith empezaba a desarrollar a través de filmes de gran espectáculo (Río Conchos, El coronel von Ryan, El Yang-Tsé en llamas) un estilo marcadamente sinfónico, estaba muy influenciado por compositores de vanguardia
como Béla Bartók o Igor Stravinsky, o incluso su coetáneo y amigo Alex North. El músico californiano desarrolló una partitura experimental apoyada en la
energía que imprime la orquestación acústica, que supuso un antes y un después
en la música de cine. Cortes como 'Main title', 'The searchers', 'Crash
landing' o, sobre todo, 'The hunt', conforman un score cuya atonalidad no es
más que un reflejo musical que describe a la perfección los trágicos
acontecimientos del argumento. Obra, en definitiva, con un gran espíritu renovador, referente innegable de un cine posterior en busca de lo audaz.
Entre la entrañable Explorers y la prescindible aunque entretenida King Salomon's mines, Jerry Goldsmith compuso la que es para muchos su obra cumbre: Legend. La película del irregular Ridley Scott, con el que ya había trabajado con anterioridad en 1979 en Alien (de ingrato recuerdo para el músico californiano por el incoherente montaje final del filme), no tuvo en su momento la repercusión que merecía una producción de tan innegable calidad. Para Goldsmith supuso todo un reto artístico el hecho de recrear melódicamente una historia de hadas, duendes, princesas y seres perversos. Para ello recurrió a su poderoso talento como creador de motivos sólidos y majestuosamente enfáticos, pero siempre desde una línea temática más próxima al tradicional 'toque Hollywood' que a los cánones del cine comercial en el que imperaba lo electrónico. De hecho, y debido a los resultados negativos en los pases previos al estreno norteamericano, los productores tomaron el camino más corto y, por extensión, menos profesional: eliminar la partitura ejemplar de Goldsmith por la compuesta (es un decir) por Tangerine Dream, quien escribió para la ocasión un score sin carisma y a años luz de la grandeza del firmado por el genio angelino.
Temas como las canciones My true love's eyes y Living river, junto a The armour, The ring, Re-united o muy especialmente The dress waltz, constituyen el alma de una pieza sinfónica de sublime delicadeza, síntesis del estilo de un autor sin igual en la historia del cine.
Steven Spielberg es conocido por su labor de director y productor, y mucho menos por sus guiones. Ello es debido, quizás, a que sólo ha escrito tres para la gran pantalla: Close encounters of the third kind, Poltergeist y A.I. (Artificial Intelligence). En el caso de Poltergeist (Poltergeist: Fenómenos extraños), Spielberg cedió la claqueta a Tobe Hooper, pero problemas surgidos durante el rodaje provocaron que al final tuviera que terminar él mismo la película.
Para subrayar musicalmente la historia contrató al que siempre consideró como el segundo compositor cinematográfico más importante (después, como es obvio observando su filmografía, de John Williams): Jerry Goldsmith. El genio californiano acabó firmando una de sus innegables obras maestras, llena de momentos que mezclan con envidiable firmeza lo tonal y lo atonal.
Poltergeist es un score sin ninguna fisura. Desde su juguetón Main title hasta la célebre canción infantil de los títulos finales, pasando por temas tan contundentes sinfónicamente hablando como The tree o Rebirth, toda la banda sonora contiene ese estilo inconfundible de Goldsmith que le ha situado en el Olimpo de la historia del cine por su creatividad y, muy especialmente, por su capacidad de adaptación a todo tipo de argumentos.
17 nominaciones a los Oscar, 1 Oscar, 4 nominaciones a los Bafta, 2 nominaciones a los Emmy, 5 Emmy, 8 nominaciones a los Globos de Oro, 5 nominaciones a los Grammy. Y aún se quedan más premios y nominaciones en el tintero. Una demostración evidente de la importancia de Jerry Goldsmith dentro de la industria cinematográfica y musical.
Su genio creador y su fuerte carácter como autor han marcado seis décadas del cine y la televisión norteamericanos, desde 1951 hasta 2003.
En 1993, entre Dennis the Menace y Malice, Goldsmith compuso una de sus obras más poéticas: Rudy. La irregular película de David Anspaugh, con el que ya había colaborado con anterioridad en la más recomendable Hoosiers, recupera la temática deportiva de ésta y sirve al músico californiano como modelo para componer un score a todas luces bucólico en el que sobresale su Main title, uno de los más memorables de su extensa carrera. Desde este prólogo lírico, Goldsmith hace gala en el resto de la banda sonora de una sorprendente capacidad melódica, que cautiva y emociona gracias al empleo apasionado de los instrumentos de cuerda. Es pues una partitura que hace gala de una sensibilidad muy pocas veces sentida en una creación musical cinematográfica. Una obra maestra, en definitiva.
Compuesta entre The lonely guy y Supergirl, Gremlins es una de las bandas sonoras míticas de Jerry Goldsmith. Para ilustrar la película de Joe Dante, de cuya continuación es preferible no acordarse, el músico angelino creó un tema central, The gremlin rag, finamente socarrón pero sin excederse en su ironía, que protagoniza el score y le dota a la vez de un aire cuyo carácter pícaro hace que la partitura deambule entre tonalidades que buscan el lado más bribón de la música. Y en ello Goldsmith siempre ha sido un maestro consumado.
Sin embargo, no todo el score se decanta por lo jocoso, sino que también nos encontramos con temas con un paradójico sentido de lo grave, en especial para un filme en apariencia familiar (sólo en apariencia) que seduce gracias a un guión arriesgado y muy bien cincelado.
En estos últimos años de alocada, y afortunada, carrera por la edición de grandes obras de la música de cine, es de esperar que próximamente se publique una creación que forma parte de los mejores recuerdos de los aficionados.
La primera mitad de la década de los 80 supuso uno de los momentos más fructíferos artísticamente en la carrera del maestro Jerry Goldsmith. Scores como Night crossing, The final conflict, Masada, Outland, Poltergeist, The secret of NIMH, First blood, Twilight zone:The movie, Under fire, Gremlins, Supergirl, Baby:Secret of the lost legend o Legend constituyen algunas de sus obras más importantes y, por extensión, más memorables de la historia del cine.
En 1985 escribió la partitura para una de las películas menores de Joe Dante: Explorers (Exploradores). Protagonizada por unos principiantes Ehan Hawke y River Phoenix, resulta un filme que, como tantos otros ya citados en el blog, se beneficia enormemente del magistral score del músico californiano, quien, fiel a su emotivo estilismo, firma una banda sonora llena de momentos perdurables, en especial aquellos que se centran en las escenas ambientadas en la Tierra.
Explorers es pues una obra que sigue la línea marcada por Goldsmith en otras películas de corte familiar, anteriores o posteriores, como The secret of NIMH, Matinée, Dennis the Menace o Small soldiers, en las que sustituye el componente dramático por uno acorde a la historia, traducido en tonalidades que buscan el lado más festivo de la música.
Compuesta entre The river wild y First knight, Congoes una de las bandas sonoras de Jerry Goldsmith con más adeptos entre sus fans (el que suscribe incluido). Sin embargo, el material cinematográfico sobre el que el músico californiano debía sentirse inspirado dista mucho de poder ser considerado como de mediana calidad artística.
Congo es una película dirigida por Frank Marshall (Alive!), e inspirada en una novela del genial Michael Crichton muy cercana al mundo de Las minas del rey Salomón de H. Rider Haggard. La historia de la búsqueda, más o menos accidental, de una ciudad perdida en la que se encuentra un suntuoso tesoro, oportunamente vigilado por una peculiar banda de primates con síndrome asesino, no da mucho de sí, pese a ciertos momentos de acción muy bien resueltos. Goldsmith parece dejar de lado, con su habitual perspicacia e inteligencia, el componente ingenuo del argumento para centrarse en la composición de un score a todas luces vibrante, en el que la música de origen africano hace que la banda sonora sea aún más brillante en su colorido temático.
Pese a la brevedad de la edición discográfica, por otra parte muy del gusto del propio autor, quien siempre afirmó que a la hora de la edición es preferible seleccionar en lugar de publicar material prescindible, Congo resulta una pieza orquestal de primer orden, con temas de inusitada fuerza sinfónica que muestran la inagotable capacidad melódica de un artista inmortal.
De entre las más de 200 bandas sonoras escritas por Jerry Goldsmith desde 1951 hasta 2003, The edge (El desafío) destaca por ser una de las más inspiradas, aunque quizás también de las menos reconocidas desde el punto de vista crítico.
La excelente película de Lee Tamahori se apoyaba en la solidez a prueba de vulgaridades del guión de David Mamet, quien escribió una historia apasionante en la que, por una vez, la naturaleza era la protagonista.
El score de Goldsmith se estructura en dos partes: la que se centra en el tema principal (uno de los más conseguidos en la filmografía del músico californiano) y aquella que toma como referente la amenazadora presencia del oso perseguidor (cuyo leitmotiv se asemeja en lo inquietante al compuesto por John Williams para Jaws).
The edge fue escrita entre la patriótica Air Force One y el divertimento Deep rising, en un momento muy creativo de Goldsmith; basta citar como ejemplos, aparte de las mencionadas, otras partituras tan notables como Congo, First knight, Powder, The Ghost and the Darkness, L.A. Confidential o Mulan. Era una etapa en la que, consciente de la trascendencia de su obra, mostraba su lado más lúcido en lo creativo, siendo The edge un score de belleza arrebatadora que seduce por su gran fuerza estilística.
Orquestadores: Jerry Goldsmith y Alexander Courage.
Situada entre dos obras intrascendentes, The Don is dead y la televisiva Indict and convict, Papillon es una de las obras maestras indiscutibles del gran Jerry Goldsmith. En una época en la que el músico californiano era el referente de la industria (basta con ver la repercusión de scores anteriores como Freud, The prize, Río Conchos, Planet of the apes, Patton o Wild rovers), Papillon reafirmó su status de autor sin fisuras y con una increíble capacidad camaleónica. El score parte con el célebre vals Theme from Papillon, en el que el protagonismo de un acordeón 'afrancesado' resalta el aire melancólico y afligido del personaje interpretado por Steve McQueen, un preso en busca de una libertad casi utópica.
Goldsmith hace que su partitura evolucione a través de una serie de temas que abarcan todo el espectro de su estilo académico. De hecho, siempre ha sido un artista ejemplar en el desarrollo de melodías alejadas de lo insustancial, y en Papillon vuelve a resaltar el poder de la música en el cine gracias a su apasionado vigor narrativo, ejemplificado en cortes como Gift from the sea o Survival.
The 13th warrior (El guerrero nº 13), originalmente titulada Eaters of the death (Devoradores de muertos), fue el fallido intento de convertir a Antonio Banderas en una estrella cinematográfica fuera del ámbito latino. Sin embargo, el relativo fracaso comercial de la ejemplar película de John McTiernan lo dejó en mero intento.
En un principio el productor ejecutivo y autor de la novela original, Michael Crichton, contrató para la composición de la música a Graeme Revell, quien escribió un score de oscuras sonoridades muy alejado del épico trabajo firmado posteriormente por el genio californiano Jerry Goldsmith.
The 13th warrior, situada cronológicamente entre la irregular The Mummy y la terrorífica The haunting, es una obra que muestra el lado más heroico de Goldsmith, quien ya mostró su gusto por lo legendario en remarcables scores como First knight o Lionheart. Destacan, dentro de un conjunto estructurado con maestría, temas como Semantics (modelo de subrayado incidental), The cave of death (prototipo de tema sombrío) o, sobre todo, Valhalla/Viking victory (corte de innegables valores en el que Goldsmith describe el enfrentamiento final entre el bien y el mal con un sentido de lo grandioso realmente lúcido).
Night crossing (Fuga de noche) se sitúa en la filmografía del músico californiano Jerry Goldsmith entre The salamander y The omen 3: The final conflict. Fue un momento en el que sus obras seguían la pauta de una instrumentación vigorosa aún alejada, en cierta manera, de la posterior influencia de los sonidos sintetizados (aunque también es cierto que con anterioridad Goldsmith los utilizó 'generosamente', por ejemplo, en Logan’s run).
Night crossing es una película del irregular realizador Delber Mann, protagonizada por autores casi siempre muy inspirados como John Hurt, Ian Bannen o Jane Alexander. La historia real de dos familias de la Alemania del este que deciden escapar de su país construyendo un globo, es retratada por Goldsmith valiéndose de su bien conocido estilo académico en el que una melodía principal conmovedora hace que el espectador se identifique con el argumento de un modo más efectivo. De hecho, los dos temas con los que concluye la banda sonora, Final flight e In the west, aparte del que podéis escuchar en el archivo de Youtube, Main title, son reflejo de dicha sensibilidad a la hora de acentuar la odisea de los tribulados personajes.
Desde The stripper, en 1966, hasta Lionheart (1987) el vínculo entre el realizador Franklyn J. Schaffner y el compositor Jerry Goldsmith fue uno de los más fieles y enriquecedores de la historia del cine. Ya he hecho alusión a él con anterioridad, y fue precisamente con su última colaboración. Pero la que es quizás, junto con The planet of the apes, su obra más redonda en esta colaboración es The boys from Brazil (Los niños del Brasil), compuesta muy poco tiempo después de haber recibido su merecido Oscar por The omen.
El filme de Schaffner, protagonizado por Laurence Olivier, James Mason y un sobreactuado Gregory Peck, no parece soportar demasiado bien el paso del tiempo, todo lo contrario que el score de Goldsmith, sin la menor duda una de las obras maestras de la música del siglo XX. Partiendo de su célebre vals inicial, el genio californiano recrea con envidiable pericia un mundo gobernado por la ambición y el sadismo, todo ello a través de una temática profundamente dramática, imponente en su desarrollo orquestal y que seduce gracias a su fastuoso sentido de lo clásico.
Jerry Goldsmith. Todos añoramos sus melodías insuperables y su capacidad de sorprender en cada nuevo proyecto. En la historia del cine ha habido, y habrá, grandes artistas que legaron su maestría para disfrute de todos los amantes de lo exquisito. De entre sus maravillosos scores podemos recordar temas de sublime belleza (Powder, Ruby, Chinatown, Poltergeist, First blood, Bandolero, Star Trek,.....) que permanecerán en el recuerdo para siempre.
En 2002 compuso una de sus últimas bandas sonoras,The sum of all fears (Pánico nuclear), cuyo tema principal, The mission, es una especie de testamento musical y ejemplo de la capacidad de un autor para crear desde la delicadeza y la brillantez. Por cierto,imperdonable que no fuera nominado al Oscar a la mejor canción. El resto del score quizás no esté a la altura del mencionado tema pero es un perfecto exponente del estilo eficientemente descriptivo del músico californiano.
Hoosiers (Hoosiers: Más que ídolos) es una película de temática deportiva que hoy en día aún permanece como una producción modesta pero realmente emotiva gracias a las eficientes interpretaciones de Gene Hackman y, sobre todo, Dennis Hopper. Pero en dicha eficiencia emocional juega un papel esencial la enérgica partitura del maestro Jerry Goldsmith, quien compuso una obra a medio camino entre el dinamismo de la percusión digital (muy efectivo en las escenas deportivas) y el apasionamiento melódico. Para ello Goldsmith volvió a servirse de su bien conocida simbiosis entre música electrónica y orquestal, en un conjunto que, una vez más, resultó de una efectividad incuestionable.
Hoosiers supuso una más que merecida nominación al Oscar, que, incomprensiblemente, cayó en manos de Herbie Hancock por Round midnight. De hecho, el músico californiano sólo lo ha ganado en una ocasión, por The omen. Una muestra más de la ceguera “académica” a la hora de reconocer el talento de los auténticos artistas.
Jerry Goldsmith y el director Franklyn J. Schaffner formaron durante cerca de 25 años una de las parejas artísticas más importantes de la historia del cine. Destacan en dicha colaboración Planet of the apes, Patton, Islands in the stream, The boys from Brazil y su última película juntos, Lionheart.
En el caso de este filme de corte clásico, que fue un rotundo fracaso de crítica y público (de hecho llegó a estrenarse sólo en televisión en la mayoría de los países), Goldsmith no dudó en sacar a relucir su envidiable capacidad temática, componiendo toda una sucesión de melodías a cada cual más emotiva. El genio californiano volvió a sorprender a través de un score sin fisuras, a años luz de su referente visual, y modelo (otro más en su carrera) de música de carácter legendario, muy cercana en intenciones a la posterior First Knight.
El recientemente desaparecido escritor Michael Crichton también fue director de cine, y para la gran pantalla realizó seis largometrajes, tres de los cuales contaron con la música de Jerry Goldsmith: Coma, Runaway y The great train robbery (El primer gran asalto al tren).
En la segunda mitad de la década de los 70 Goldsmith no sólo consiguió su único Oscar por The omen sino que nos legó algunas de las más destacadas obras maestras de la historia del cine: Islands in the stream (de reciente reedición por parte de FSM), Capricorn One, The boys from Brazil, Alien y Star Trek. Obras todas ellas reflejo de la habilidad de Goldsmith a la hora de subrayar las imágenes y de componer temas centrales de increíble majestuosidad y belleza.
En el caso de The great train robbery desarrolló su habitual línea temática de ambientación muy sutil, pero ahora reforzada por un tema central juguetón y dinámico que hace del score una pieza musical realmente divertida y jocosa, sin altibajos, y que permanece entre mis bandas sonoras de cabecera desde la primera vez que la disfruté.
Orquestación: Gordon Langford (no acreditada) y Arthur Morton.