Bandas sonoras clave en la historia del cine


"Memoirs of a geisha" de John Williams (2005)

   2005 fue un año especialmente prolífico en la carrera de John Williams, pues en él escribió cuatro bandas sonoras: Star Wars III (Revenge of the Sith), War of the worlds, Munich y Memoirs of a geisha (Memorias de una geisha). Salvo en el primer caso, en el que nos encontramos, por lo general, con un Williams épico y aventurero, en las otras partituras el músico neoyorquino se decanta por el que ha sido su estilo más característico de los último años: la apasionada combinación de atonalidad y tonalidad.
   Memoirs of a geisha es la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Arthur Golden, en la que se relata la historia de Sayuri, niña que es separada de su familia para trabajar en un barrio de geishas, el hanamachi. Con los años acaba convirtiéndose en la más deseada de la ciudad, pero su vida transcurre entre la servidumbre de su cargo social y la impotencia por no alcanzar sus deseos más naturales. La música es una oda al amor en apariencia imposible, pero a su vez a los sentimientos vehementes de una mujer en busca de la serenidad y la felicidad. Williams huye de las melodías aterciopeladas, pues es consciente de la profundidad de la temática a describir musicalmente, por lo que se adentra en el complejo universo de las tradiciones niponas a través del empleo de leitmotives cuya armonía parece resquebrajarse; pero es sólo una apariencia, pues su creación transcurre por unos senderos tonales cuya belleza va más allá de recursos simplistas o inocentes.
   Dos temas son los que se centran en los dos personajes principales, el presidente y Sayuri. Para el primero se decanta por personificarlo en la figura instrumental de un violín, interpretado por Itzhak Perlman; para el personaje femenino, será un sobrio y casi agonizante violonchelo interpretado por Yo-Yo Ma. Ambos protagonizan gran parte del score, en una especie de baile cadencioso cuya serenidad no oculta un profundo sentido de lo melodramático. Williams, como no podía ser de otra manera, también se introduce en la tradición japonesa mediante en empleo de instrumentos propios del país asiático; así, percusión, cuerda y viento (taiko, koto, shakuhachi) se pasean por la banda sonora en perfecta armonía con los occidentales, formando a la postre un conjunto melódico cuyo perfecto entendimiento hace de Memoirs of a geisha una de sus obras más refinadas y bellas.

Orquestadores: Conrad Pope & Edward Karam.

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